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Allí estabas en la puerta, puntual, esperándome, arreglada informalmente, como a mi me gusta, sin ostentación alguna, básica, simple y sin maquillaje, como tu misma. Hacia frío pero pese a eso decías de quedarnos fuera para que yo pudiera fumar. No me parecía caballeroso y te empuje hacia el calor de dentro. Subimos a la sala superior que estaba vacía y en breve trajeron el café. La conversación se desarrollo con total naturalidad, pese a tantos años que llevábamos conociendo, en ese instante, sentí que empezábamos a conocernos de verdad al estar alejados de ambientes malsanos, sin influencias presenciales aunque quizá si mentales. El momento paso volando. Tenia que marcharme, nos despedimos con un fuerte y sincero abrazo. Quiza, otro día, el café nos una de nuevo...

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