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Hoy vuelvo a despertar temprano antes de que el sol caliente. Me preparo el desayuno y salgo al jardín a tomarlo junto a un cigarrillo. Trazo un dibujo simple en mi cuaderno que me gusta. Quizá mi dibujante, Mike Ruiz, pueda usarlo para algo en mi guión Bladegar. Hago una visita rápida a mi colonia marciana. El clima en la superficie se ha estabilizado para los microorganismos y plantas básicas. Formas de vida animal más complejas deberán esperar un poco más. El nivel del mar sigue creciendo. Esto me preocupa pero es un efecto colateral del hecho de estabilizar presión y temperatura.
Hoy es nuestro ultimo día en La Casa de la Playa (como la llama Lola). Embalamos y nos despedimos de nuestro hogar en estos días, de la piscina y del mar. Me detengo unos segundos antes de cerrar la puerta. Cuando lo haga, definitivamente, todo habrá acabado. Cierro y con nuestros bártulos nos dirigimos a nuestro coche llamado, según la tita Nuria, El Tiburón. Antes de volver a Córdoba nos detenemos en Miramar. Adrián y yo tenemos pendiente nuestra participación como pilotos en el Karting Experience Costa del Sol 2018. Celebramos nuestro éxito con el resto de la familia almorzando en Hollywood.
El viaje de vuelta es cansado, la calor va aumentado conforme nos acercamos a nuestra ciudad pero pese a eso llegamos a casa con ganas de volver a ella.
Descansamos un poco. Al levantarme me siento en mi salón, con el aire acondicionado a toda potencia, a escribir. Pongo Radio 3 en la Smart Tv. Suenan The Clash. Su musica se mezcla con la incesante charla de Lola que no para. Le digo, como otras tantas veces, que es un loro. Ella responde que no es un loro, que es una persona, que ella no tiene pico, que tiene brazos, piernas y camiseta. Esta niña es un punto. Ya desde bebe, cuando se me quedaba mirando con esos ojos grises y profundos (que ya han cambiado de color) le decía, mirándola mientras era absorbido por sus abismos oculares, que iba a ser alguien importante. Es una sensación y presentimiento que aún mantengo. No es pasión de padre. Es un hecho constatado. Los mismos profesores del colegio se sorprenden. Su inteligencia, preguntas y razonamientos son abrumadores para su edad. Espero y deseo que este patético sistema de enseñanza competitivo y globalizado (en vez del que yo creo mejor, cooperativo y especializado) no la malogre. Espero que yo, como padre, mi pareja y el entorno familiar, podamos y sepamos apoyarla a sacar lo mejor que ella quiera y pueda desarrollar. Primero para y por ella misma y después, para el resto de la humanidad.

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